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miércoles, abril 11, 2007

Antes lo digo...

Aprovechando la reforma de la Ley de Financiación de Partidos Políticos, estos se van a subir el sueldo. Quién lo propone: los propios partidos. Quién debe votarlo: los representantes de los propios partidos en el Parlamento. De dónde sale el dinero: de los presupuestos generales del estado.

Con genuina ingenuidad, ¿por qué?

¿Por qué tienen los votantes del PSOE que financiar que Acebes dé ruedas de prensa? ¿Por qué los del PP que Blanco haga lo propio? Y, sobre todo ¿por qué los muchos más que no apoyan ni a uno ni a otro, a los dos? ¿Es democrático que haya asignaciones sólo a determinados partidos para las campañas electorales y no a todos los que concurren? ¿Lo es que el dinero se distribuya en función de los escaños anteriormente logrados y no alícuotamente? ¿No se trata precisamente de votar de nuevo, de cero? ¿Es democrático que otro tanto suceda con los espacios de propaganda en televisión, en duración y en asignación del momento de emisión? ¿Deben ser gratuitos para los partidos? ¿Deben ser los miembros designados por los partidos políticos como los parlamentarios los que decidan su financiación y más en general sus atribuciones y su funcionamiento? ¿Nadie advierte cuando menos un conflicto ético, cuando no el sustrato de una franca prevaricación?

Con este dinero se ha estado financiando el terrorismo de ETA a través Herri Batasuna durante años. Con este dinero se financia todos los días el "Tú más" en busca de cuota de pantalla. Pero como no basta, ahí estan los bancos y cajas de ahorro, que no tienen inconveniente en intercambiar dinero por favores, como bien puede certificar el actual presidente de la Generalitat, José Montilla. ¿Por qué debería estar interesada una caja de ahorros, La Caixa en este caso, en cobrar menos y encima aplazar pagos, que es exacatamente lo mismo, en última instancia? Por si alguien anda falto de imaginación, aquí hay algunas respuestas no tan escasas.

Dejando de exigir a los propios actuar de forma apropiada, aplicando el pragmatismo del "También lo hacen los otros, por qué no lo van a poder hacer los míos" es como se ha podido llegar a esta situación que en ya no sean de nadie y prácticamente a nadie deban rendir cuentas. El primer paso para salir de esto es que todos exijan transparencia a "los suyos". Y mientras tanto, a la espera de quién dé ese primer paso.

Nota: No he podido encontrar el texto del documento, que espero poder colgar o enlazar próximamente.

Más en:
financiación+partidos+politicos. Google.
El banco de los favores. Ignacio Camacho.
La Caixa, sobre la condonación de deuda al PSC.

sábado, abril 07, 2007

Por la independencia ... de los actuales partidos políticos

Tanto a los partidos del eje derecha-izquierda (adelante atrás un, dos, tres) como a los del eje nacionalista de uno y otro signo les importa un comino lo que quiere el individuo, lo que quieren son votos y esta es una diferencia nada sutil. Todos han adelgazado su base ideológica con el objetivo de atraer el máximo número votantes potenciales.

El extremo en Cataluña lo representa el PSC-PSOE, que ante la confusión provocada por sus contradictorios mensajes (catalanismo no nacionalista (?) y socialdemocracia basada en una redistribución según aportaciones(?), al menos en lo que a territorios respecta), ha acabado haciendo de su oposición al PP, partido casi marginal en esta Comunidad Autónoma, su bandera y únco mensaje consistente.

A los partidos políticos, los individuos importan en la que medida en que asignan votos en momentos muy concretos, aproximadamente una vez cada 16 meses en elecciones generales, autonómicas y municipales. Votos son escaños, escaños son cuotas en órganos de decisión sobre la asignación de dineros públicos y también son cuotas sobre gestión de esos dineros y son cuotas también para la asignación de puestos y colocación de militantes. Una tarta muy apetitosa.

Los incentivos están claros y explican que los partidos se gobiernen con férrea disciplina y cada vez sea mayor la presencia pública de individuos cuyo único mérito es encargarse de su organización. Los partidos políticos establece así una comunidad de intereses cuya única base por abajo es la militancia. Lo que no se descubre en el actual sistema es el incentivo que tienen los partidos políticos para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

El sistema creado en los setenta no es ni mucho menos perfecto, no sólo en algunos de los términos discutidos en la actualidad, sino porque si bien estableció el sufragio universal como forma de asignación de los representantes en los cámaras de representación, dejó todo un campo abonado a que los partidos políticos paulatinamente pervirtieran el sistema y se lo apropiaran.

Son abundantes los ejemplos, entre los más recientes las reieteradas condenas por financiación ilegal de partidos con consecuencias para algunos individuos pero ninguna seria para el propio partido, el claro sesgo progubernamental de las medios de titularidad pública desde el nivel nacional al local, o los esfuerzos por colocar (o retirar) a determinados magistrados en salas clave para la resolución de conflictos, asignándoles etiquetas de "conservadores" y "progresistas", en función de quién propusiera su designación.

En el último de los casos, sus resultados también están a la vista, por muy extendida que pueda estar la miopía. Flagrante es el caso del juez prevaricador Estivill, apoyado hasta la extenuación por Convergencia i Unió, en los momentos en que su condición de partido bisagra le daba una mayor cuota de poder a nivel nacional.

Las semanas pasadas, en el Parlamento de Cataluña, dos partidos nacionalistas (ERC y CiU) optaron por no votar sendas propuestas de resolución en favor de un eventual ejercicio del supuesto derecho de autodeterminación, aunque ambos estaban de acuerdo en lo fundamental y de hecho lo consideran irrenunciable.

Sucedió sencillamente que "No tocaba" (para el lector no catalán, ésta es la expresión que utilizaba Jordi Pujol para señalar que, según él, había momentos en los que no procedía considerar ciertos temas y que en esta ocasión fue pronunciada por Josep LL. Carod, máximo representante de ERC). Las iniciatvas se plantearon sólo como una pugna por demostrar quién tenía la nación más gorda y el acuerdo no deshacía el empate. En la España actual, hasta la más irrenunciable de las convicciones se puede negar en público, y no pasa nada.

Pero esta renuncia muy probablemente salga gratis a ambos grupos. Cuando lleguen las siguientes elecciones municpales y haya que recabar el voto nacionalista, los unos dirán que los otros no quisieron y que son unos vendepatrias, los alcaldables dirán que aunque su partido no haya votado a favor, ellos sí o hubieran hecho, inlcuso se señalará que aunque se hayan equivocado hay que darles un voto de confianza. Y hasta los próximos cuatro años.

Entonces, algunos votantes serán nuevos, otros ya no estarán, se presentarán nuevos candidatos para un partido renovado y mientras tanto una guerra, un atentado, el hundimiento de un túnel dará nuevas razones para abrazar las identidades de políticas siempre ("El partido puede cambiar, pero yo, en mis convicciones, no", razonarán la mayoría). Y se votará a un partido, muy posiblemente incluso para que un determinado partido no llegue al poder.

La oligarquia basada en partido no es fruto de una conspiración judeo-masónica. Es lisa y llanamente el resulatos de unos incentivos concretos que sólo podrá resolverse desde dentro y con la colaboración de los propios partidos. La propuesta de un partido minoritario de acabar con el servicio militar obligatorio supuso un efecto dominó que culminó con la inlcusión de la propuesta en el programa de todos los principales partdiso políticos. El muy poderoso incentivo fue una inésperada pérdida de votos.

Una apuesta decidida por una reforma del sistema de partidos por un partido minoritario, iniciada a través de inciativas parlamentarias que obligquen a tomar posición a los demás partidos podría por fin abrir las ventanas de este viciadísimo sistema político.

sábado, febrero 03, 2007

Prisioneros

Juan Carlos Escudier habla en El Confidencial de la Mano Negra, o sea, de los partidos políticos en la España del siglo XXI, con perdón de las conspiraciones judeomasónicas y/o del capital. Escudier recoge la teoría de Ignacio Sánchez-Cuenca de que los partidos son prisioneros de un dilema clásico de la teoría de juegos que explica que les salga a cuenta financiarse ilegalmente. No hay que ser un lince para deducir que, efectivamente, finaciarse ilegalmente suele salir a cuenta, sobre todo si eres el encargado de escoger al que vigila la caja de las galletas. Tampoco hace falta serlo para deducir que si los partidos gastan más de lo que deben, debe ser porque entra más de lo que se supone. Ingenuos hay que piensan que estos lobos son los mejores para guardar el rebaño. Mientras tanto, la función continúa y los verdaderos prisioneros son los ciudadanos. Eso sí, el márketing exige la diferenciación de la marca, y como en todo esto cuesta diferenciar izquierda y derecha, arriba y abajo, los partidos prefieren liarse a proponer cordones sanitarios, a denunciar supuestos pactos preelectorales con terroristas o plantear la conveniencia de carnets de buen inmigrante. Y los prisioneros van y escogen bando. Esta actitud también se explica de manera muy sencilla, incluso sin necesidad de recurrir a la teoría de juegos. Se describió en 1973 y se llama Síndrome de Estocolmo.