martes, mayo 14, 2013

Generalitat Valenciana: primum circenses deunde panem


Circenses: La Generalidad valenciana ha destinado hasta 32,6 millones de euros en el último año y medio a cubrir gastos de tres equipos de fútbol de la Comunidad Valenciana, en el último año y medio. Valencia C.F., Hércules de Alicante C.F. y Elche C.F. son los clubes deportivos beneficiados del dinero público. De diferentes formas, se han convertido en clubes públicos.
Pese a la delicada situación económica por la que pasa la Administración autonómica de la Comunidad Valenciana, estos tres equipos de fútbol no han tenido excesivos problemas para ser rescatados económicamente por el Gobierno autonómico valenciano. Según ha recogido la cadena Ser, la Generalidad que preside Alberto Fabra (PP) controla o debería controlar las gestiones de los clubes. Vía VozBCN

Panem: "En este colegio CAES (Centro de Actuación Singular), ubicado en la zona norte de Alicante donde residen un importante número de familias con escasos recursos económicos y un gran número de inmigrantes, comen a diario 260 alumnos que han recibido una beca por parte de la Consejería de Educación con lo que solo pagan cinco euros al mes por el servicio. “En casa comemos lo que podemos, hay día que patatas, otro arroz, y muchos chavales si no comen aquí en casa menos”, reconocía una madre enfadada mientras recogía a sus vástagos.
La Consejería de Educación lleva casi un curso sin pagar a la empresa que presta el servicio de comedor desde hace cinco cursos. La deuda, desde septiembre pasado, asciende a 180.000 euros. La responsable del servicio de comidas, María Ángeles Pujante, no aguanta más: “Estamos asfixiados. Me llegan los impuestos y las nóminas, pero ellos no me pagan”. Via El País

martes, enero 22, 2013

El Instituto Catalán de la Salut se gasta más de 20.000 Euros en asesoramiento privado sobre su desmembramiento

No creo que a nadie en Cataluña le importe esta noticia dado que el malo no es Madrit ni el PP y ya lo arreglaremos todo cuando seamos independientes, pero en cualquier otro sitio echarían chispas. Al parecer no hay nadie en todo el propio ICS on el Departament de Salut que puede emitir un informe jurídico al respecto. Pero es que además el coste es lo asignado para toda la atención anual de dieciocho pacientes. Más aquí.

PD: ver aquí la "reacción" de los supuestos partidos de izquierda. Los de CiU deben estar temblando. Lástima que no sea una iniciativa del PP, tendríamos las calles llenas y aún habría alguna posibilidad.  

lunes, enero 14, 2013

sábado, enero 12, 2013

Abanderados de la transparecencia y de la libertad

Tuvo Pasqual Maragall la ocurrencia de instituir la figura de jefe de la oposición del Parlamento de Cataluña, que puede tener algún dudoso sentido en modelos principalmente bipartidistas, pero cuya aplicación en cámaras como la catalana es de incierto sentido. La fórmula aprobada por el gobierno de José Montilla la atribuye al jefe de grupo parlamentario del segundo partido con más escaños y le confiere numerosas prebendas, inlcusio tratamiento, salario y personal de apoyo entre otros.

¿Entiende alguien en qué sentido podría liderar la oposición alguien cuando esta se compone de partidos tan dispares como ERC, PP, PSC, ICV, Ciutadans o CUP? En el corrompidísimo sistema político catalán, donde el partido que lidera el gobierno tiene la sede embargada por los 3.3 MILLONES de euros de fianza por el caso Palau de la Música (CiU) y acaba evitar la prisión de varios de sus miembros en el caso Pallerols por financión ilegal tras llegar a un acuerdo con la fiscalía, decía que en en este corrompidísmo sistema, ¿extraña a alguien que el supuesto "jefe" de la oposición sea Oriol Junqueras, el líder del partido que sostiene el gobierno y el único que votó a favor de la investidura del actual presidente de la Generalidad?

Si a Artur Mas no se le cae la cara de vergüenza por tener un escandaloso salario que supera de muy largo a todos los presidentes autonómicos y al propio presidente del gobierno, mientras aplica severísmos recortes a  los demás funcionarios públicos, ¿por qué se le va a caer la cara de vergüenza a Oriol Junqueras por embolsarse la prebendas de jefe de al oposicón, que suponen varias decenas de miles de euros anuales adicionales por semejante apaño?

¿Hasta cuando los catalanes vamos a seguir aguantando semejante hipocresía? ¿Es realmente Cataluña un sitio donde todo vale si uno se envuelve en la bandera correcta? Si los hechos ya no son relevantes para la opinión pública, sino sólo las proclamas, cómo se diferencia en semejante clima a un desvergonzado aprovechado de un idealista?

lunes, diciembre 24, 2012

¿Por qué no respeta la Generalitat la "identidad" de los catalanes?

Cuando alguien lo explica tan elocuentemente, sobran comentarios

El original es ests, en http://elpais.com/elpais/2012/12/17/opinion/1355766620_452083.html, pero lo copio con enlaces a las fuentes ().


De nuevo el nacionalismo con los tambores de la catástrofe. Nadie propone que el catalán deje de ser vehicular ni la separación de niños por lenguas, sino la simple aplicación de sentencias del Constitucional y del Supremo, que avalan una tibia educación bilingüe. Siempre atenta a las inquietudes del poder local, la disciplinada sociedad civil no falta al enésimo toque de corneta. Se fotografían indignados los rectores de Universidad y desde el AMPA, con siglas independentistas, se convoca por correo electrónico a los padres a manifestaciones. Entretanto, a diferencia de lo que sucede en Madrid, con imperturbabilidad budista se digieren recortes y privatizaciones de un Gobierno autónomo que no tiene pudor en decir, por boca de su consejero de Salud, que “no hay un derecho a la salud, porque depende del código genético de la persona”. Será el hecho diferencial.

A la izquierda catalana le falta tiempo para apuntarse. Algo inexplicable. Desde 1953 la educación en lengua materna es un derecho reconocido por la Unesco y, entre nosotros, el bilingüismo era el modelo de la República, incluido el Estatuto de Nuria, y el que defendió el PSC hasta hace dos días, apelando a su pedagoga de cabecera, Marta Mata. Ahora, sin que se sepa cómo ni por qué, nos encontramos a la izquierda relacionando “identidades” con naciones y ciudadanías, urdiendo argumentos con los mimbres intelectuales que nutrieron la peor historia europea. Si lo dudan, vean la entrevista de Raül Romeva, eurodiputado de ICV, en el interesante blog A Word In Your Ear.

Por lo común, cuando se grita mucho las razones escasean. Y en estos días se grita más que nunca. Pero también hay argumentos. En algún libro y en estas mismas páginas he intentado mostrar la pobreza de los fundamentos teóricos de las políticas “normalizadoras”. Ahora, por debajo de la maraña retórica, aparecen nuevas razones, menos teóricas. Apelan a la realidad, la eficacia y los consensos. No está de más evaluarlas.

La primera invoca la realidad catalana, agredida en su identidad. Dilucidar identidades no es cosa sencilla, ni siquiera cuando se trata de individuos. En el caso de las comunidades, ni les cuento. En todo caso, cualquier idea de identidad tiene que atender a lo común o, en su defecto, mayoritario. Nunca a lo extravagante o singular. La identidad de mi familia no es mi primo alto y rubio. Y los datos, tampoco esta vez, cuadran con el relato nacionalista. Según la propia Generalitat, el 55% de los catalanes tenemos como lengua materna el castellano y el 31,6% el catalán. Relean: el castellano es la lengua común y ampliamente mayoritaria de los catalanes. Ahora la pregunta: ¿quién no respeta la identidad?

La segunda apunta a la eficacia pedagógica. Se nos dice que los niños catalanes, sin escolarizarse en castellano, tienen un dominio superior de la lengua común al resto de los españoles. Si así fuera, solo caben dos posibilidades: bien los catalanes somos un portento de la naturaleza, bien la escolarización en una lengua es contraproducente para su conocimiento. Como ninguna de las dos resulta plausible, hay que dudar de las fuentes. Y, en efecto, mirados de cerca, tampoco esta vez los datos abruman. Mejor dicho, es que no hay. Ahora sabemos, por boca de Joaquim Prats, exresponsable del informe PISA en Cataluña, que “el informe se hace en catalán, (y que) por tanto, no mide la comprensión lectora en castellano”. En realidad, los escasos datos disponibles no desmienten el sentido común y, entre catalanes, muestran el mayor fracaso escolar de los castellanoparlantes, los de menos recursos, por cierto. La única prueba concluyente es la que no se hace: exponer a todos los estudiantes españoles a las mismas exigencias de competencia lingüística. Al final, con tanto ruido, nos olvidamos de lo obvio: hablar una lengua no es dominarla. Todos, incluso los analfabetos, hablamos una lengua. En la escuela se busca otra cosa, lo que los especialistas llaman Cognitive Academic Language Proficiency, competencia para entender información nueva, ajena al contexto y con un cierto grado de abstracción. Eso solo se adquiere con la escolarización, como bien sabe el presidente de la Generalitat cuando elige un colegio trilingüe para sus hijos.

La tercera invoca la cohesión. Según parece, el bilingüismo dividiría a la sociedad catalana. Un argumento pobre. Si la enseñanza en una sola lengua es garantía de cohesión, habría que escolarizar solo en castellano, la lengua mayoritaria, común y, además, de muchos emigrantes y de los vecinos “españoles”. Además, la experiencia disponible no avala la tesis fratricida. Sin ir más lejos, Finlandia, el país con mejores resultados educativos en Europa, imparte la enseñanza en dos lenguas y no parece que esté al borde de la guerra civil. Finalmente, el argumento resulta impreciso porque equipara bilingüismo a separación por lenguas, cuando no es lo mismo un sistema en donde los alumnos permanecen juntos mientras reciben enseñanza de distintas materias en las dos (o tres) lenguas oficiales que otro de doble red, el de Finlandia, en el que las distintas escuelas imparten la enseñanza en las diferentes lenguas oficiales según la elección de los padres y aprenden la otra lengua como asignatura. Esos son los sistemas que podemos encontrar en Europa. Y en el mundo, incluido Quebec. En realidad, la anomalía planetaria es Cataluña. De modo que el argumento resulta inconsecuente, falso y, en el mejor de los casos, confuso. Puestos a decirlo todo, hasta dudo de su sinceridad, de la preocupación por la paz civil por parte del nacionalismo, cuando su objetivo político es levantar fronteras y su estrategia alentar la tensión entre conciudadanos.

El último argumento apela al consenso ciudadano. Su aval: casi todos los partidos defienden la inmersión. El argumento, obviamente, no sirve para defender la propia opinión, como hacen los socialistas. La afirmación “estoy de acuerdo porque todos estamos de acuerdo” se sostiene en el aire, esto es, en ninguna parte. Bastaría con que ellos cambiaran de opinión para que “el argumento” dejara de valer. Lo mejor en estos casos es preguntar a los ciudadanos directamente. Y asómbrense, las encuestas de la Generalitat, que preguntan sobre lo humano y lo divino, jamás han mostrado interés en saber qué prefieren los ciudadanos.

Quizá la explicación del descuido hay que buscarla en los resultados de las encuestas de CSIS que, mientras se hicieron, mostraban una clara preferencia por el bilingüismo. El único pie empírico en el que se sostiene la supuesta unanimidad es “la falta de demanda social”. Una falta de demanda que se entiende bastante bien al leer la respuesta del Departament d’Ensenyament a la pregunta de en qué consistía la (posible) enseñanza en español durante la etapa de primaria, recogida en el mejor libro que conozco sobre la experiencia catalana, Sumar y no restar. Ahí va: “El profesor imparte la clase en catalán y una vez acabada la lección, se acerca al alumno en cuestión y le repite en español lo que acaba de explicar en catalán. El alumno tiene derecho a hablar en español con el profesor y a realizar los exámenes en esta lengua, pero sus libros de texto deben estar escritos en catalán y él debe permanecer siempre en la clase con los demás alumnos”. Traducido: “a ver, el valiente, un paso al frente”. Calificar este procedimiento como humillación es quedarse corto. Segregación, tampoco alcanza.

Naturalmente, la obscenidad intelectual básica radica en relacionar derechos con “número de demandantes”. Con ese argumento los negros no habrían pisado las universidades norteamericanas. Seamos claros, el argumento relevante no se puede invocar. Es de uso interno. Lo expresó impecablemente hace tres años Bernat Joan, por entonces secretario de Política Lingüística, inquieto ante la sentencia del TC: “Podría crear un alud de gente que exigiese judicialmente la escolarización en castellano o que la Administración pública les atendiese en castellano” (ElpuntAvui, 23-8-2009). A Joan lo que en realidad le inquietaba eran los catalanes. Pero estas cosas no se dicen en Madrid. Bueno, el otro día sí, cuando Duran i Lleida confesó su desolación en el Parlamento porque “lamentablemente la lengua mayoritaria en el patio es el castellano”. A lo que se ve, los que estorbamos en la Cataluña de los nacionalistas somos los catalanes. Que queremos un poco de aire.

Félix Ovejero es profesor de la Universidad de Barcelona.