sábado, septiembre 29, 2007

Second Life (sin wifi)

Ha dejado muy sorprendidos a sus conocidos en Barcelona, aun conociendo su capacidad de fabular y de crear en su imaginario cualquier ficción.

miércoles, septiembre 26, 2007

Aún me estoy recuperando

No he encontrado el original, pero el editorial de La Vanguardia es, como decía Constantino Romero de su azafata Janín, inmarcesible. En román de la Alianza de Civilzaciones,
¡¡[Alà akbar]!!

... Ya de noche: como no he sido capaz de localizar el artículo en la versión electrónica del diario, mejor lo adjunto para solaz de muchos y asombro de todos.

Eso no es catalanismo

De un tiempo a esta parte, proliferan las manifestaciones de un soberanismo de corte maniqueo, con frecuencia maleducado e hiriente, que envenena las relaciones de Catalunya con el resto de España estableciendo una relación de vasos comunicantes con el españolismo catalanofóbico, su gran beneficiado. La comprensión o el silencio que han rodeado la quema de fotos del Rey en Girona y la conversión del engreído treintañero incendiario en mártir de una supuesta España represora son el último capítulo de un bochornoso serial ideológico. Protagonistas de tal serial son las plataformas independentistas - que obtienen un tratamiento periodístico muy por encima de su representatividad- y algunos personajes pintorescos: aquel celebrado actor que no consigue diferenciar los ingeniosos balbuceos de su personaje televisivo de la lamentable charlatanería de sus mítines; o aquel destemplado jurista que ha conseguido notoriedad denunciando a un Estado de cuyo aparato participa.

Se trata de un soberanismo de vuelo gallináceo, tan estridente como irreflexivo, fundado en los tópicos de la visión romántica de la historia. Su relato es sentimental y sus acusaciones no alcanzan sólo al Estado, a los políticos españoles o a España en general, sino también a políticos y miembros relevantes de la sociedad civil catalana, acusados de connivencia culpable y de cobardía, cuando no de traición. Esta visión de las cosas se divulga con sospechosa redundancia, a veces en tono sarcástico e insidioso, a través de unos medios públicos que deberían respetar escrupulosamente todas las sensibilidades ciudadanas.

Este soberanismo visceral acostumbra a reclamar del Estado español, con grandes aspavientos, el pleno reconocimiento de la pluralidad interna, pero es incapaz de reconocer, siquiera de respetar, la enorme pluralidad que anida en la compleja y cambiante sociedad catalana. La desacomplejada parcialidad con que desde los medios públicos se comentan los acontecimientos deportivos es el ejemplo más popular de la falta de respeto a la pluralidad catalana. La visión despectiva de las selecciones españolas o el tradicional barcelonismo de estos medios, ya de entrada discutible (según las estadísticas, un 40% de los catalanes son forofos de otros equipos), ha derivado en los últimos años en inaceptables formas de antimadridismo. No vale la excusa de que en algunos medios públicos de Madrid se cometen los mismos errores. Los extremismos extremismos se necesitan y alimentan mutuamente, pero Catalunya –que ha salido muy fatigada del reciente cambio estatutario– necesita cordura, seriedad e inteligencia para poder plantear sus justas reivindicaciones y debe exponer sus necesidades armándose de razón, no de excesos. Nada puede perjudicarla más que aparecer identificada con posiciones infantiles, extremistas.

Es evidente que este soberanismo ruidoso y ensimismado perjudica a la causa de Catalunya, pues provoca más recelo entre los propios catalanes que seducción. ¡Flaco favor se hace a la expansión de la lengua catalana si los medios que hacen bandera de ella desprecian a tantos catalanes que sienten o piensan de otro modo! Alegrarse de la derrota de la selección de Gasol, comprender o relativizar la quema de fotografías de los Reyes, insistir desde los medios públicos en el mapa pancatalanista olvidando el masivo sentir de los valencianos o aprovechar los graves problemas infraestructurales para promocionar la enésima plataforma soberanista no resuelve nada: complica más las cosas de lo que ya están. Si el independentismo en el Govern y el nacionalismo moderado en la oposición siguen manteniendo una relación ambigua, amable o acomplejada frente a estas minorías, lo pagarán caro. En este momento grave, la sociedad catalana exige seriedad, pragmatismo y moderación. También el socialismo que lidera las principales instituciones catalanas puede pagar caro su silencio concesivo y pragmático. A Catalunya le sobra hervor, pero le faltan palabras sensatas. Falta valentía para defender el principal legado del catalanismo: la defensa de los intereses materiales y culturales de Catalunya y la voluntad de hacerlos compatibles con el progreso de España.

Editorial, La Vanguardia. 24 de Septiembre de 2007

sábado, septiembre 15, 2007

Actualización

Después del título de la entrada anterior y sobre todo después de casi dos meses, la pregunta natural es si esto también se mueve, a pesar de todo. Pues sí, renqueando y sin prisas, pero se mueve. En unos días, más.

viernes, julio 20, 2007

Acuso de recibo

Gracias a la inspiración de José García Domínguez, descubro finalmente el texto completo de la resolución de la ONU (1514 de 14 de diciembre de 1960) sobre el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Concebido exclusivamente como compendio de principio rectores para el proceso de descolonización en África y Asia a mediados del siglo pasado, lo sorprendente por estos pagos es la soltura con que se invocan los puntos 1 y 2, omtiendo cualquier referencia al sexto. Pasen y vean.

domingo, junio 03, 2007

Eppur si muove

Dicen que las elecciones municipales de la semana pasada las ha ganado el PP o el PSOE, según barrios y según se incluya o no la ciudad de de Madrid, que ya es excluir. Tampoco ha habido unanimidad en la lectura de los resultados obtenidos por Ciutadans: o bien ni se han mencionado, imagino que por estricta coherencia, o bien se han recreado en un supuesto fracaso.

Algunos apuntes pueden ayudar a entender qué ha pasado realmente. Los datos objetivos: Ciutadans ha sido la sexta fuerza más votada en toda Cataluña con 67.315 votos y un 2.35% de los votos, casi cuatro veces más que el siguiente partido en número de votos, las Candidatures d'Unitat Popular, cuya aparente emergencia ha hecho temblar a ERC y que apenas han votado uno de cada 150 catalanes. El contexto: se trata de un partido que cuenta su vida por meses (el próximo julio celebrará su primer año de andadura) y que logró a la primera de cambio de entrar en el Parlamento catalán, también como sexta fuerza, con 89.840 votos y un 3,03%. Más contexto: en vista de su frágil economía, Ciutadans no presentó candidaturas en toda Cataluña, sino sólo dónde creyeron tener más posibilidades, y que correspondían al 67% del censo electoral. Strictu sensu ha habido un incremento de algo más del 10% de votos en esas zonas. En la ciudad de Barcelona, donde supuestamente ha sido un fracaso no entrar en el consistorio, Ciutadans ha conseguido casi la mitad de los votos que ERC o ICV, dos partidos en el gobierno de la misma desde hace varios años.

Habida cuenta que la subida de Ciutadans se produce precisamente en las zonas más favorables, la lectura más ajustada probablemente sea que el partido se ha estancado en cuanto a su capacidad de ganar adeptos. Razones externas e internas no faltan.

Entre las primeras, sigue siendo espeluznante el tratamiento que recibe por parte de los medios de comunicación privados y públicos: desde la negativa de El País a publicar un anuncio del partido durante la última semana anterior a las elecciones, a los 6 segundos dedicados por TV3 durante todo el mes de enero o el recurso de la propia RTVE, alineada junto a ERC e ICV para impedir que la candidata por Barcelona partipara en un debate con los otros candidatos. Si en el caso de los medios privados se trata de una cuestión de desprestigio del que ya sabrán ellos cómo responder ante sus lectores y prpietarios, en el caso de los públicos el asunto no hace sino subrayar su humillante y nada democrática sumisión a los partidos en el gobierno.

En cuanto a las causas internas, sin duda han podido ser determinantes las creíbles noticias sobre las agudas desaveniencias internas entre representantes clave. También han sido especialmente sorprendentes, cuando menos, los procedimientos de selección de algunos candidatos, que en numerosos casos han contravenido la muy prudente norma de no seleccionar como tales a quienes tuvieran una historia reciente en otras formaciones políticas, asumida públicamente. Para muchos miembros del partido ha resultado vergonzante que precisamente la única alcaldía obtenida por Ciutadans en Gimenells i Pla de la Font, pueblo de la provincia de Lérida, haya servido para la reelección de quien hasta el día de las elecciones era alcalde elegido por el PP desde hace 16 años. Los dirigentes del partido tuvieron muy claro al principio que querían vacunarse contra oportunistas, pero han tardado muy poco en adquirir vicios como los que dicen querer combatir.

En la misma línea, tampoco se entiende que quien acusa a los demás partidos de hacer de la causa nacionalista el único discurso, lo utilice precisamente como revulsivo en el tramo final de la campaña mediante el demagógico lema "Catalunya és Espanya".

Eso sí resulta preocupante y no el supuesto estancamiento en entre el 2 y 3% de votos. A parte de la obvia dificultad de hablar de estancamiento en tan breve lapso, un poco de historia ajena puede aportar algunas pistas. Desde el advenimiento de la democracia y durante casi 20 años, ERC nunca llegó siquiera al 4% de votos en las elecciones municipales. Y eso no impidió que en las últimas elecciones generales fuera la cuarta fuerza a nivel de toda España.

¿Quiere eso decir que Ciutadans conseguirá sin problemas abrirse hueco como tercer partido entre PSOE y PP? En absoluto, pero si en el empeño pierde su misma esencia y razón de ser por cuatro aventureros oportunistas, algunos habrá que tal vez abandonen toda esperanza de ver el sistema de partidos regenerado desde dentro.